La llave del éxito

Mucho se ha hablado del éxito. Miles de libros se han escrito sobre este tema y muchas definiciones existen de qué es una vida exitosa y cómo alcanzarla. Algunos dicen que el éxito se mide por la cantidad de dinero acumulada y la fama.  Otros piensan que el éxito es aquello que se siente cuando uno puede realizar sus sueños y ambiciones. Pero, qué significa ser exitoso según la Palabra de Dios y cómo podemos alcanzar ese éxito. En esta ocasión quiero reflexionar sobre la llave del éxito en la vida cristiana. Qué se necesita para ir de victoria en victoria y de triunfo en triunfo en la vida cristiana.  El apóstol Pablo dice en la epístola a los Filipenses 3:7-14 (LBLA):

Pero todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo. 

Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo, y ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia derivada de la ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe, y conocerle a Él, el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos, llegando a ser como Él en su muerte, a fin de llegar a la resurrección de entre los muertos. No que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

Esta porción de la Escritura contiene un consejo muy útil para todos nosotros los creyentes que deseamos progresar en nuestra vida espiritual.  Pablo dice «una cosa hago», como queriendo decir «en esto me enfoco» o «esta es la llave del éxito».  El apóstol habla aquí de un principio muy útil en su vida cristiana, un principio que le ha traído victorias tras victorias.  La llave del éxito en la vida cristiana es: «olvidar lo que queda atrás y extenderse a lo que está delante, proseguir a la meta para obtener el premio del llamado celestial en Cristo».

Para algunos olvidar lo que queda atrás pudiese implicar, darle la espalda a un pasado de lleno de dolores, angustias, maltratos, engaños y sufrimientos, para otros es un pasado lleno de fama, dinero y placeres, incluso para otros podría ser el pasado de una gran posición social o religiosa, como en el caso del apóstol Pablo, quien era un religioso respetado entre los judíos.  Pero todo lo que éramos, debe ser dejado en el pasado, olvidarlo y considerarlo como nada ante el incomparable valor de conocer a Jesucristo.

Si la vida cristiana fuera un kayak, seguramente estaríamos nadando en contra de las corrientes de este mundo. Corrientes como el humanismo, las religiones orientales, el amor al dinero, los placeres de la carne, la hechicería y muchas cosas semejantes. La meta de nuestra carrera de “kayaks” es llegar al cielo y convertirnos en todo lo Cristo es, llegar a ser igual a él en su muerte y resurrección.  Pero si estamos remando en contra de las corrientes del mundo, es importante no desmayar y no quitar el enfoque de nuestra meta.  Si por un instante dejamos de remar o miramos hacia atrás, seremos arrastrados por la corriente y desviados de la meta. Algo parecido le paso a la mujer de Lot cuando escapaba de las ciudades de Sodoma y Gomorra, las cuales estaban siendo destruidas por el fuego del juicio de Dios.  Ella miró atrás y se convirtió en estatua de sal. Pues una vez iniciada la vida cristiana, mirar atrás sólo sirve para estancarnos, detenernos o fosilizarnos como el caso de la mujer de Lot.

Otro ejemplo de esto podría ser la vida de un hombre viudo que se casa nuevamente. Si este hombre constantemente está recordando a su esposa fallecida, cómo era, cómo lo atendía, cuan hermosa era y cuanto la amaba, la nueva esposa se sentirá frustrada y deseosa de salir de tal relación, pues este hombre se ha enfocado en su pasado y olvida lo que tiene de frente.  Si queremos vivir una vida cristiana victoriosa debemos darle más valor a nuestro futuro y menos a nuestro pasado. Debemos olvidar lo que hemos abandonado y proseguir hacia la meta del llamado celestial en Cristo Jesús.

¿Por qué es tan importante saber esto? Es importante conocer y vivir bajo este principio o llave del éxito en la vida cristiana porque la mente humana tiende por naturaleza a revivir y reciclar los recuerdos del pasado, de manera que nos estanca en un círculo vicioso de melancolía de lo que pudo ser y no fue o de lo que fue y no debió ser. Debemos darle instrucciones a nuestra mente sobre lo que debe pensar y mantenerla enfocada en la meta de nuestro llamado celestial en Cristo.  ¿Pero cómo podemos lograr eso?  A continuación unos consejos útiles para mantenerse enfocado y vivir bajo el principio de éxito en la vida cristiana de Filipenses 3:

    1. Ordene sus prioridades.  Es importante valorar las cosas que Dios desea que valoremos. Lo primero en nuestra lista de prioridades debe nuestra relación con Cristo (v.7), ser un discípulo obediente de Jesucristo, luego vienen nuestras compromisos a nivel de familia, si somos casados sería el rol de esposa o esposo y luego el rol de padres si tenemos hijos.  Luego de Dios y la familia, viene entonces el rol o las responsabilidades de nuestro ministerio en la iglesia.  El desorden en las prioridades no nos permite avanzar en la carrera de nuestra vida cristiana.  Lo más importante y de más valor es nuestra relación personal con Cristo.
  • Señale y visualice su meta. Los expertos en éxito empresarial dicen que para alcanzar una meta en los negocios es importante visualizarla primero, escribirla y luego trazar planes a largo y corto plazo.  La realidad es que esto estaba en la Biblia primero, no es algo nuevo.  Para poder avanzar hacia una meta es necesario conocerla y visualizarla esto nos da suficiente motivación para trabajar nuestros planes a largo y corto plazo.  Pablo dice en Filipenses 3 que la meta de la vida cristiana es ser en todo como Cristo, ser hallados en Él y conocerlo a Él, no por nuestro propia justicia, sino por la justicia que viene por la fe en Cristo, ser partícipes de sus padecimientos, experimentar el poder de su resurrección y finalmente resucitar en nuevo cuerpo inmortal como él resucitó.  ¿Cómo si fuera poco verdad? ¡Qué clase de meta tenemos!  Visualizar una meta así hace que todo lo demás se vea como basura ante el valor de la vida cristiana.  ¡Qué mayor motivación que ser como él!  Por eso tiene mucha razón el dicho de que la mayor motivación no es la interna, ni la externa, sino la eterna.
  • Nunca deje de aprender.  Cuando nos consideramos muy maduros, es porque estamos a punto de pudrición.  Pablo, un apóstol con una vida íntegra, decía que no pretendía haberlo alcanzado.  Nosotros no debemos pretender tener la mayor unción o revelación, debemos siempre estar dispuestos a ser corregidos, entrenados y capacitados.  Debemos mantenerlos siempre atentos a la voz del Espíritu Santo, quién nos corrige con amor y nos dirige a nuevo niveles de madurez. También es necesario establecer relaciones a largo plazo con personas modelos de vida cristiana que puedan impulsarte a tu próximo nivel de crecimiento y madurez.
  • Prosiga hacia la meta y olvide lo quede atrás. Trabajo a favor de nuevas metas espirituales en su vida y deje atrás sus fracasos o glorias pasadas.  Sólo así se garantiza la madurez y el crecimiento en la vida cristiana.  Si su meta es orar una hora diariamente, comience con apartar 5 minutos todos los días y aumente el tiempo poco a poco.  Si su meta es ser un predicador ungido, propóngase dominar primero un tema como la salvación por gracia y luego pase a otro, poco a poco. Si su meta es ser un servidor lleno de amor que impacte el mundo, comience con servir con una sonrisa una taza de café a un vecino, amigo o compañero de trabajo. No menosprecie el valor de las cosas pequeñas.  Pues las cosas pequeñas juntas hacen grandes impactos.  Si no fuera así, observe como muchas hormigas pequeñas pueden devorar un gran pedazo de comida.

Dios nos hizo a cada uno con un propósito en particular, nuestra tarea es descubrirlo y honrar al Señor viviendo en todo para la gloria de su nombre. Decida enfocarse hacia su futuro en Dios, trace metas que lo conviertan en todo lo que la Biblia dice que debe ser, diríjase hacia el cumplimiento de su propósito particular y especial.  Pues nadie más puede hacer lo que usted y yo debemos hacer en la Tierra. ¡Hágalo con excelencia para Dios!

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