Como enojarse sin pecar (Mateo 5:21-25)

«Cathy se puso toda feliz por haber ganado de regalo un juego de té de color azul. Al día siguiente, Erika, su amiguita, vino bien temprano a invitarla a jugar. Cathy no podía pues saldría con su madre aquella mañana. Erika entonces pidió a Cathy que le prestara su juego de té para que ella pudiera jugar sola en el jardín del edificio en que vivían. Ella no quería prestar su flamante regalo pero ante la insistencia de la amiga decidió, hacer hincapié en el cuidado de aquel juguete tan especial.

Al volver del paseo, Cathy se quedó pasmada al ver su juego de té tirado al suelo. Faltaban algunas tazas y la bandeja estaba rota. Llorando y muy molesta Cathy se desahogó con su mamá ¿ves mamá lo que hizo Erika conmigo? Le presté mi juguete y ella lo descuidó todo y lo dejó tirado en el suelo. Totalmente descontrolada Cathy quería ir a la casa de Erika a pedir explicaciones, pero su madre cariñosamente le dijo:  Hijita, ¿te acuerdas de aquel día cuando saliste con tu vestido nuevo todo blanco y un coche que pasaba te salpicó de lodo tu ropa? Al llegar a casa querías lavar inmediatamente el vestido pero tu abuelita no te dejó ¿Recuerdas lo que dijo tu abuela? Ella dijo que había que dejar que el barro se secara, porque después sería más fácil de quitar. Así es hijita, con la ira es lo mismo, deja la ira secarse primero, después es mucho más fácil resolver todo. Cathy no entendía todo muy bien, pero decidió seguir el consejo de su madre y fue a ver el televisor.

Un rato después sonó el timbre de la puerta. Era Erika, con una caja en las manos y sin más preámbulo ella dijo: Cathy, ¿recuerdas al niño malcriado de la otra calle, el que a menudo nos molesta? Él vino para jugar conmigo y no lo dejé porque creí que no cuidaría tu juego de té pero él se enojó y destruyó el regalo que me habías prestado. Cuando le conté a mi madre ella preocupada me llevó a comprar otro igualito, para ti. ¡Espero que no estés enojada conmigo. No fue mi culpa! ¡No hay problema!, dijo Cathy, ¡mi ira ya secó! Y dando un fuerte abrazo a su amiga, la tomó de la mano y la llevó a su cuarto para contarle la historia del vestido nuevo que se había ensuciado de lodo.

«Nunca reacciones mientras sientas ira. La ira nos ciega e impide que veamos las cosas como ellas realmente son. Así evitarás cometer injusticias y ganarás el respeto de los demás por tu posición ponderada y correcta delante de una situación difícil.» Acuérdate siempre: ¡Deja la ira secar!

Así como en la historia de Cathy y Erika, debemos aprender a controlar nuestros enojos porque nos permite cultivar relaciones duraderas y saludables.

 

Jesucristo, en el Sermón del Monte, comenzó a pronunciar los valores del Reino, la Constitución del Reino, la nueva interpretación a la Ley y los Profetas.  Uno de sus fuertes declaraciones compara el enojo con el crimen del homicidio. En otras palabras del Señor está enfatizada en la realidad interior, en el origen de todos los males, los pensamientos y los sentimientos humanos. ¡Debemos aprender a enojarnos sin pecar!

Contenido:

El hombre es hecho a la imagen de Dios y tiene, por lo tanto, la capacidad de reaccionar con indignación frente a la maldad y la injusticia. Esa capacidad, sin embargo, ha de ser ejercida siempre sujeta a la virtud del dominio propio. Pablo enseñaba: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo.” (Ef. 4:26). 

  • Atrasemos el inicio de nuestro enojo

De manera que la ira no es necesariamente pecaminosa. Las Escrituras enseñan, sin embargo, que así como Dios es paciente, sus hijos deben serlo también, imitando su longanimidad. Por lo tanto, no es bueno airarse con rapidez. “El que tarda en airarse es grande de entendimiento” (Pr. 14:29). “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que él que toma una ciudad” (Pr. 16:32). “Todo hombre sea … tardo para airarse” (Stg. 1:19). Las explosiones de ira por lo regular son pecaminosas porque casi siempre se producen, precisamente, por la falta de dominio propio. 

  • No nos mantengamos demasiado tiempo enojados

Después del cuidado que debemos tener en cuanto a cómo comienza nuestra ira, lo próximo será controlar también su duración (“No se ponga el sol sobre vuestro enojo”). Dios dice: “No guardaré para siempre el enojo” (Jer. 3:12). Eso deben imitarlo sus hijos. 

  • Expresa el enojo correctamente

También es importante la forma en que se expresa la ira. El apóstol Pablo aconsejaba: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia” (Ef. 4:31; Col. 3:8).

En algunas ocasiones la ira se levanta como consecuencia del celo por Dios, en situaciones en las cuales se ofende su santidad. Eso fue lo que aconteció a Finees, que fue alabado por su actuación en el caso de •Baal-peor, “por cuanto tuvo celo por su Dios e hizo expiación por los hijos de Israel” (Nm. 25:1–15). El Señor Jesús echó violentamente a los mercaderes del templo. Aquella no fue una explosión de ira, pues él hizo previamente “un azote de cuerdas”, lo cual indica que fue una acción bien premeditada (Jn. 2:13–17). Pero es muy fácil que nuestro corazón nos engañe pretendiendo que actuamos impulsados por el celo divino. Por eso, lo recomendable es recordar siempre la exhortación de la Escritura: “Deja la ira, y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo” (Sal. 37:8). “Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Stg. 1:20).

Aplicación:

Para controlar nuestros enojos debemos desarrollar dominio propio y paciencia. Algunos consejos:

  • Saca un día específico para practicar la meta de ser paciente. Toma tu tiempo para todo, medita sobre todas las cosas y vive al máximo cada momento.
  • Desacelera!!! (Slow down) – evita la tendencia del ajoramiento. Deja que las cosas tomen su ritmo natural. Respira mucho antes de actuar o moverte. Agitarte no hace que las cosas se muevan más rápido. Cuando no puedas cambiar una circunstancia como la fila del banco o el tapón: lee, escucha música, dialoga con alguien, aprovecha los momentos que te regala la vida para ser feliz.
  • Retrasa las gratificaciones. Espera un poco más para obtener las cosas que quieres.
  • Piensa antes de hablar, retrasa tus respuestas o simplemente abstente de hablar en momentos donde solías hablar impulsivamente.

¿Qué resultados tiene vivir la vida controlando el enojo?

  1. reduce el stress, te hace más feliz y saludable
  2. tomarás mejores decisiones
  3. desarrollaras entendimiento, empatía y compasión

Referencias:

  1.  Lockward, A. (2003). Nuevo diccionario de la Biblia. (516). Miami: Editorial Unilit.
  2. http://www.diosbendice.org/Marcelo_hist_Anec-20-12-06.htm
  3. http://www.essentiallifeskills.net/patience.html

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