Cómo vivir en integridad

Por: Freddy Miller Santana 

La vida de integridad y rectitud es el resultado de un estilo de vida de decisiones correctas.  Si tomamos sabias decisiones en los momentos indicados podemos demostrar y afirmar que somos verdaderamente íntegros y rectos delante de Dios.  La vida cristiana es como nuestro carro, debemos tener cuidado de no ignorar los avisos que nos da el «dash» (el tablero) y otros ruidos, que nos alertan de problemas.  Imagínese que usted conduce su auto un día y de pronto le sale esa luz roja que dice «check engine» (verifique el motor) y usted simplemente le arranca el cable y sigue adelante, ignorando el aviso o pensando que el problema era esa «bombillita». Muy pronto tendría unas consecuencias nefastas. Pues algo parecido es la vida espiritual, debemos prestar aviso a ciertas conductas pecaminosas que el Espíritu Santo nos señala, pues de no tratar con ellas a tiempo nos pueden provocar una terrible caída en un estado de insensibilidad espiritual. 

No debemos tomar atajos e ignorar los problemas de nuestra conducta pensando en que serán corregidos de forma automática, debemos ser diligentes en tomar las decisiones correctas que nos lleven a una vida de santidad y pureza. A continuación le presento 7 pasos bíblicos para desarrollar una vida de integridad:

  1. Reconciliarse con Dios a través de  Su Hijo Jesucristo. Primeramente debemos reconocer que sin Cristo es imposible (2 Corintios 5:17), él produce en nosotros el nuevo nacimiento necesario. ¿Qué quiero decir con esto? Que nuestros esfuerzos humanos no complacen las altas exigencias de pureza y santidad del carácter de Dios. Nuestros propios esfuerzos de vivir una vida sana a nivel social, sin una relación con Cristo, no satisfacen a Dios, pues él ha establecido un sólo camino de salvación en Cristo. Necesitamos el don de Cristo, quien ofreció su vida en ofrenda por nuestros pecados. Cuando recibimos su regalo de salvación y lo hacemos nuestro Señor para obedecerle y servirle, también recibimos los beneficios de su obra de redención. El primer beneficio es el nuevo nacimiento, producido por Dios en nuestro espíritu. Morimos al pecado y vivimos ahora para el Espíritu. Este milagro producido por Dios nos capacita para vivir en integridad. 
  2. Hacer un compromiso verbal y voluntario. Una vez que hemos establecido una relación con Dios a través de Su Hijo Jesucristo. Debemos hacer un compromiso verbal y voluntario de vivir en santidad y pureza de corazón (David lo hizo en forma de canción en el Salmo 101). Cuando una persona contrae matrimonio debe hacer unos votos delante de Dios y los testigos, también debe firmar un contrato legal. Cuando una persona va delante de un juez, hace una declaración jurada de decir la verdad. Cuando una persona ama a otra, especialmente en relaciones de noviazgo, no cesa de decirle y expresarle su amor. ¡Cuánto más en nuestra relación con Dios! Exprésele al Señor su decisión de vivir cada día para él de forma íntegra y de ser posible sea creativo como David y escríbale un poema o haga un dibujo que represente su decisión.  Proverbios 18:21 nos habla de la autoridad de nuestras palabras. Haga expresiones verbales diarias que afirmen su decisión de vivir rectamente para Dios y verá los resultados. 
  3. Depender del Espíritu Santo. Para lograr una vida de santidad y pureza debemos reconocer el poder ilimitado que opera en nosotros a través de la persona del Espíritu Santo (Romanos 8). David reconoció en el Salmo 101:2 que era necesaria la presencia de Dios para lograr una vida de integridad. ¡David anhelaba esa visitación! La buena noticia es que nosotros no disfrutamos de meras visitaciones. ¡Los que estamos en Cristo tenemos la presencia!  Esto significa que el Espíritu Santo no viene y va en nuestras vidas por temporadas. El vive permanentemente en nuestros corazones y de él viene el poder ilimitado para producir en nosotros una vida íntegra. Conozca al Espíritu Santo, háblele, aprenda a depender de él escuchando sus sabios consejos registrados en la Biblia. Su voz siempre le recordará las Palabras de Dios. Desarrolle la costumbre de leer diariamente la Biblia con un corazón humilde y enseñable para desarrollar un oído sensible a su voz. 
  4. Identificar los hábitos pecaminosos y decidir apartarse de ellos. La Biblia muestra con claridad el proceso de santificación en Efesios 4:17-32. Primeramente dice «despojáos del viejo hombre». La pregunta es: ¿quién es el que se despoja? La respuesta: usted mismo. Pero no la vieja versión de usted, sino el nuevo ser humano nacido del Espíritu. Este nuevo hombre o mujer se despoja de la vieja naturaleza. En otras palabras identifica, guiado por el Espíritu Santo, los hábitos pecaminosos y se aparta de ellos. 
  5. Desarrollar nuevas actitudes por medio del conocimiento de Cristo. Luego dice el Apóstol Pablo: «renovaos en el espíritu de vuestra mente». Nuevamente la pregunta: ¿qué es lo que se renueva? Respuesta: no se renueva el viejo ser humano, sino el nuevo ser humano que posee una nueva naturaleza en Cristo.  ¿Y quién lo hace? Lo hace la nueva naturaleza. El mismo apóstol le dice a los cristianos en Roma: «no os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta» (Romanos 12:2).  La renovación de nuestro entendimiento es el proceso activo de renovar nuestra percepción de la realidad y cambiar nuestros sistemas de pensamientos y desarrollar nuevas actitudes de acuerdo a la Palabra de Dios por medio del conocimiento de Cristo. 
  6. Practicar los frutos de su nueva naturaleza. Finalmente dice «vestíos del nuevo hombre».  La pregunta es: ¿cómo es posible vestirnos de algo que ya está en nosotros? Respuesta: no se trata de tomar la nueva naturaleza, eso sucedió en el nuevo nacimiento cuando recibimos a Cristo como Señor y Salvador, sino de practicar sus frutos (Gálatas 5:22; Efesios 5:9), demostrar la conducta externa de una persona nacida de nuevo. La realidad del creyente es que la nueva naturaleza santa ya existe internamente, de lo contrario no podríamos despojarnos de las conductas pecaminosas.  Así como usted tomó tiempo identificar los hábitos pecaminosos para despojarse de ellos, identifique por la Biblia la conductas agradables a Dios y comience a practicarlas una a una.  Vea algunos ejemplos en el resto del capítulo (Efesios 4:25-32). 
  7. ¡No se condene cuando falle, arrepiéntase y siga adelante! La Biblia dice que ninguna condenación hay para los que estamos en Cristo (Romanos 8). La culpa y la condenación son obras del enemigo que sólo provocan estancamiento, y en el peor de los casos, el retroceso en nuestra vida cristiana. El proceso de santificación de nuestras conductas, es eso mismo, un proceso. Identifique una a una las cosas que debe cambiar y las conductas del fruto del Espíritu que debe comenzar a practicar. Separe tiempo diario para orar por esto y leer las Escrituras. También haga oraciones breves durante el día en relación a su decisión de vivir íntegramente.  Si falla, tenga en cuenta que la nueva vida en Cristo es parecida a la vida de un bebé al nacer. Usted no nace grande, usted nace pequeño y necesita poco a poco madurar y aprender. Dios tiene paciencia con usted y terminará la obra que comenzó. Lo importante es que usted se mantenga firme en su decisión de crecer y aprender. Dios le perdonará si falla, pues dice que Cristo es nuestro abogado que intercede por nosotros. 

¡Le animo a seguir adelante! Pero es importante que la próxima vez que vea la luz roja del panel del vehículo de su nueva vida en Cristo, no ignore la señal, tome una decisión de reparación inmediata. Mejor aún, bríndele mantenimiento preventivo a su corazón por medio de la Palabra de Dios y evite las horribles consecuencias de un corazón endurecido.

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